07 febrero, 2012

Aquellas tonadas de la infancia

En 1988, Paul McCartney editó CHOBA B CCCP , traducción rusa de Back in the USSR (“De regreso a la Unión Soviética”, relectura de Chuck Berry incluida en el Album Blanco de Los Beatles). El disco incluía versiones de temas del rock and roll de la década del ‘50, con paradas en el cancionero popular estadounidense como Summertime (George Gershwin) y Don’t Get Around Anymore (Duke Ellington).

 Algo similar se dio en su Unplugged (1991), que alternaba esos clásicos con canciones de los Fab Four y en Run Devil Run (1999, acompañado con la guitarra del Pink Floyd David Gilmour y la batería del Deep Purple Ian Paice, con tres originales propios y presentado para los íntimos ni más ni menos que en The Cavern en Liverpool). Los detractores dirán que esos modelos elegidos por Sir Paul eran una burda copia del disco Rock & Roll de John Lennon (1975), pero olvidan que el fanatismo del zurdo por esa música con la que creció es tal que llegó a adquirir el catálogo de canciones de Buddy Holly, uno de los héroes de su juventud.

Ahora, en 2012, McCartney canta doble contra sencillo en la mesa de póker antes de que se cumpla la profecía apocalíptica de los mayas y publica Kisses On The Bottom (léase “Besos en el trasero” o “Besos al final de la carta”), en donde revisita la música de su niñez pre rockera: standards de jazz de los años ‘30 y ‘40.

 Esas canciones que sonaban en su casa de la calle Forthlin Road N° 20 en Liverpool, en las inmediaciones de esa zona aún hoy conocida como Penny Lane y antes de que un tal John Lennon irrumpiera en su vida para modificarla para siempre. Canciones que sonaban en la programación de la radio de la BBC de aquella época, con aires a music hall, también admitidas en su gusto por Ringo Starr en Sentimental Journey , su debut como solista (1970, un disco con canciones del mismo período seleccionadas por los padres del baterista).

Kisses On The Bottom presenta una instrumentación sencilla y austera. Batería con escobillas, contrabajo, piano acústico (cortesía de Diana Krall), guitarras eléctricas de caja sin amplificar, cuerdas sobrias y algún que otro bronce perdido. La voz de Paul está al frente, pero sin una ambición desmedida de sobresalir en desmedro de la banda: en este disco lo que importa es la música, ya sea en un concepto jazzero (el CD ha sonado en el excelente programa radial Blue Jazz de FM Blue, dedicado al género) o de escucha de fondo agradable y desinteresada.

Y esa música puede ser comparada en lo contemporáneo con los Elvis Costello o Robert Wyatt más emparentados con el ritmo nacido en Nueva Orleáns, pero sin ahondar en un lógico repertorio post cool jazz en que estos dos cantautores suelen caer a veces: los temas van desde More I Cannot Wish You (del musical Guys and Dolls ) hasta Always , del compositor Irving Berlin. Y se da el lujo de agregar dos temas propios en esta onda musical con dos viejos conocidos: el single My Valentine y Only Our Hearts con la guitarra de Eric Clapton y la armónica de Stevie Wonder, respectivamente.

“Las canciones que Paul eligió para Kisses… son canciones que escuché y amé desde pibe. (…) Estos son algunos de los mejores temas jamás escritos, y hay que tener demasiado talento para hacerlos brillar. Paul sabe cantarlos con el swing de la vieja escuela”, dijo el gran Quincy Jones desde la página web oficial del ex Beatle, y con tamaña bendición basta y sobra para pegarle una oída atenta al disco. Los que desean un disco de Macca del nivel de Chaos & Creation in the Backyard (2005), con canciones propias y un nivel superlativo, deberán seguir esperando, pero no por eso ningunear este gustazo que se dio el inglés. Un álbum caprichoso, es verdad, pero no por eso descartable.

DIRECCIÓN DE LA AUTORIA:
Por Pablo Strozza Especial Para Clarín
http://www.clarin.com/espectaculos/musica/tonadas-infancia_0_640735932.html

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