NOTICIA DEL DÍA: 14 DE ABRIL 2012
El primer disco de Los Beatles que tuve en mis manos fue ‘Revolver’, un LP que llevó a casa con mucha emoción mi padre por aquellos días de la Navidad del 66, más motivado por la novedad que porque le gustase mucho el naciente fenómeno musical.
Recuerdo que entre otros elepés de moda, comprados seguramente en el almacén de discos Daro, localizado en la calle 35 con 44, como el de Nancy Sinatra y sus “botas hechas para caminar”, el de Ronnie Aldrich y su meloso piano, y el de la banda sonora de la película ‘El mundo está loco, loco, loco’, sobresalía con particular brillo ese de la carátula ilustrada con plumilla de los rostros de Paul, John, George y Ringo. Eran los líderes del grupo de música rock y pop de todos los tiempos. De esa manera yo descubría que el mundo era otra cosa a través de la música de quienes habían juntado sus sueños un día en la Liverpool de 1962.
Y es que eran esos días de la preadolescencia en que, más que ocuparnos en encontrar el remedio para curar el tormentoso acné, los amigos y vecinos de la cuadra de la carrera 45 próxima al estadio Romelio Martínez, pasábamos el tiempo libre (y a veces también los del colegio) hablando de los últimos éxitos del cuarteto; de quién o cuál tocaba mejor que el otro; de cómo se vestían y se peinaban; al punto que no pocos acabamos imitándolos, no sin antes pasar por la peluquería de la esquina para ponernos a tono, para lucir a lo Beatle. Se había vuelto una situación recurrente para no estar fuera de onda, que había que parecerse a alguno de ellos. Tanto es así que aunque yo era el más pequeño del conjunto residencial ‘Las Acacias’, donde vivía a los 12 años de edad, meponía en la casa de los Massip para no perderme sesiones musicales de rock.
Allí, Alfonso –que tenía un sorprendente parecido físico con John Lennon– había improvisado su propio cuarto como un salón para ensayar con Los Speakers, grupo que solía alternar con otros juveniles en el llamado El Bodegón, sitio al que por mi corta edad no me dejaban entrar, pero que, desde la puerta, podía escuchar el rasgar de las guitarras y tronar de la batería, que causaba un obvio revuelo en la calle 72 con 47, justo frente al parque Suri Salcedo y a Jugolandia. Convergían también Los Colores del Tiempo, entre otras bandas locales, con cuyo desenfrenado ritmo bailaban las Go-Go, que representaban las hermanas Consuegra de la 46 con 70. Eran sitios a donde se iba a ‘matar el tiempo’ escuchando el rock del momento, y a The Beatles, los que revolucionaron el concepto de lo que entonces llamábamos música moderna.
Pero mis amigos y yo nos identificábamos más con Paul McCartney que con los otros tres; tal vez por su color de voz, por su cara de ‘niño bueno’, o por su zurda manera de tocar el bajo. Paul nos resultaba emblemático. Y eso que solo podíamos verlos en las carátulas de sus discos o en el noticiero “El mundo al instante”, patrocinado por Avianca, y presentado –en blanco y negro– por uno de los hermanos Pinzón a manera de preámbulo de las funciones vespertinas de los cines a cielo abierto, que eran los otros puntos de encuentro de la juventud en Barranquilla por aquellos años: el Doña Maruja, San Jorge, Delicias y Buenos Aires eran las salas donde nos sentíamos realizados viendo las películas de Los Beatles: ‘Help’, ‘A Hard Day Night’ y ‘Yellow Submarine’, entre otras que años más tarde, ya siendo casi adultos, el recordado cineclubista Braulio De Castro se encargó de refrescarnos en los teatros ABC.
Así crecíamos. Madurábamos al ritmo de la estridente pero al mismo tiempo melódica música de Los Beatles; para mí, más que una pasión juvenil que se despertaba igual que en millones de adolescentes en el mundo, sería el camino que me conduciría a la radio.
Mientras John se dedicaba con su pintora japonesa a imaginar un mundo sin fronteras; George, a cantar su ‘My Sweet Lord’ en Bangladesh, y Ringo, a resignarse a ser el cuarto de Los Beatles, Paul, acompañado primero por su esposa Linda y unos años más tarde por su banda Wings, nos emocionaba desde 1970 con ‘El tío Alberto’, ‘Hi-Hi-Hi’, ‘My Love’, ‘Live and Let Die’, que a la sazón fueron sus primeros grandes éxitos tras la separación del cuarteto.
Todo ese ambiente musical fue lo que en realidad me hizo interesar por la radio, teniendo la suerte de ser llevado ya en serio a una emisora de la mano del tío Jaime Jiménez, donde me encontré de frente con la maravillosa obra de The Beatles, pero especialmente con los primeros LP publicados por Paul McCartney como solista.
Sin poder ocultarlo al aire, comenzaba yo a venerar al artista, tal como lo hacían cientos de oyentes en Barranquilla, ciudad que hervía con la salsa caliente que nos llegaba de Nueva York y de Las Antillas, así como con los ritmos folclóricos que alimentaban su Carnaval. Ese era el escenario en el que, sin embargo, había cabida para la música angloamericana que especialmente en el género del rock conseguíamos traer por encargo de los Estados Unidos. No había otra forma de complacer el apetito de los oyentes que me seguían a diario por aquel tiempo en mi programa de las 5 de la tarde; una tras otra, les dejaba escuchar canciones como ‘Jet’, ‘Band on the run’, ‘Silly love songs’, ‘Let’em in’, ‘Baby’, ‘I’m amazed’, ‘With a Little Luck’, ‘Goodnight tonight’, ‘Comming up’, justo al final de los 70 habiendo interactuado con audiencias entre Emisoras ABC de Todelar, Radio Visión y La Voz de Colombia, de Caracol.
Vivíamos años en que una canción tenía inmenso valor para los oyentes; el teléfono de esos estudios de radio no paraba de sonar cuando les anunciaba -como si el mundo se fuera a acabar– la más reciente de Paul McCartney & Wings; sencillamente enloquecían de emoción.
Alguna vez, amparado por la escasa comunicación que se tenía con el exterior, cuando la humanidad no soñaba con la Internet y la televisión satelital, hasta llegué a especular de una posible visita del ex Beatle a Colombia. Imaginen la cantidad de personas que llamaban y hasta se me presentaban en la puerta de la emisora para saber más detalles del supuesto espectáculo; pero no era más que un poco de inventiva de los que hacíamos radio; un inocente juego en el que algo casi tan inverosímil terminaba volviéndose una verdad.
Hoy, pasados más de 45 años de cuando tuve mi primera experiencia musical con el famoso cuarteto británico, por obra y gracia de una radiola Philips comprada por mi padre, probablemente en el almacén Murcia de la calle de Jesús, justo cuatro días antes de que el ya mítico Paul McCartney se apresta a materializar el sueño de miles de sus fanáticos en nuestro país, todos aquellos que hemos vibrado con la música del grupo que conformó junto a John, George y Ringo desde los albores de los convulsionados sesenta y, por supuesto, de todas las que comprende su envidiable producción como solista, no encontramos sosiego en nada que no sea renovar nuestros recuerdos de juventud envueltos en canciones como las que seguramente resonarán en el estadio El Campín de Bogotá el próximo jueves. Es tanto el talento que alberga en su humanidad Sir Paul McCartney que una canción escrita, compuesta y vocalizada por él ha sido, desde su lanzamiento en 1965, la obra musical que más se reproduce durante las 24 horas del día a través de cualquier dispositivo análogo o digital en todo el mundo: ‘Yesterday’. Eso dice todo de la estatura de este personaje.
Con la emoción que genera la proximidad de semejante evento artístico sin precedente en Colombia, se viene a mi mente una expresión muy coloquial de nuestro actual embajador en La Habana Gustavo Bell Lemus, con quien además del colega Víctor González Solano, conformamos un trío de viejos amigos y contertulios ‘Beatlenianos’. Cuando le pregunté recientemente por correo electrónico que si vendría para acompañarnos al concierto me respondió con algo de tranquilidad que le hubiera gustado ir con nosotros, pero que no podía porque había adquirido de tiempo atrás un ineludible compromiso aquí en Barranquilla, recordándome de paso que él ya lo había visto dos veces, lo cual reconozco que me causó un poco de eso que llaman ‘envidia de la buena’. Me dijo textualmente: “Después de ver al Paul, ya uno se puede morir en paz... with a little help from my friends”.
DIRECCIÓN DE LA NOTICIA/ AUTORIA:
*Periodista radial especializado en música. Actual director de su programa Viva la Noche, por RCU.94.1. FM.
http://www.elheraldo.co/revistas/latitud/cronica/paul-mccartney-desde-la-radio-local-63841
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