07 mayo, 2012

Sir Paul crea sus propias reglas en el escenario

Lunes 07 de mayo de 2012 
Inicia “Magical mistery tour” con un vertiginoso
                         viaje de emociones GUADALAJARA.— Es un permanente dolor de cabeza para Cronos. Desafía, con éxito, las normas establecidas que rigen al tiempo. Crea las propias. Las manecillas del reloj pierden sentido cuando Paul McCartney aparece sobre el escenario del estadio Omnilife. Ahí, sólo sus reglas son válidas.


Son las 21:30 horas cuando la ovación estalla al verle caminar. Se diría que tiene media hora de retraso. No es así. Maneja un cronómetro personal. Sale en el momento en que la expectativa es la ideal para que dé inicio, con “Magical mistery tour”, el vertiginoso viaje de emociones, controladas siempre a gusto de su voluntad. Cada melodía es acompañada por un coro de 37 mil gargantas.

 
Viste un pantalón negro, entallado. El saco es del mismo tono, pero no dura mucho sobre él. Al concluir “Drive my car” se lo quita. Acomoda sus tirantes. Estruendo en la concurrencia. Hay niños, jóvenes y adultos. Sir Paul trasciende generaciones. No conoce el tiempo, ni el espacio.

Él marca los momentos. Decide echarse el público a la bolsa. Pone en práctica su castellano. “Gracias por esta maravillosa bienvenida. Esta noche trataré de hablar un poco de español, pero más inglés”, dice. El esfuerzo se agradece con aplausos. Captura a la audiencia cuando y como quiere.

Cambia de guitarra a su antojo, incontables veces. Cada una responde con delicadeza y precisión al suave rasgueo de su mano izquierda. El tiempo, según Cronos, es lineal. De acuerdo a McCartney, es vertical, pues los sentimientos que genera sobre el escenario crecen permanentemente.

Él decide cuándo es oportuno sentarse al piano para la parte más romántica de la velada. Canciones como “The long and winding road”, “My valentine”, escrita “para mi hermosa mujer Nancy” dice Paul.
Entre cada interpretación, se pone de pie. Hace un bailecito que genera ovaciones. Agradece. Forma con ambas manos un corazón.

Paul se va. Los gritos lo orillan a volver. Lo hace con una bandera tricolor en manos. De inmediato, el “¡México, México!” cimbra los cimientos. Con “Get back” parte de nuevo, y regresa por última vez.
Aún hay oportunidad para la emoción con “Yesterday”: “Es hora de partir. Nos tenemos que ir”. La última del repertorio, es “The end”. Recibe una prolongada ovación.


DIRECCIÓN DE LA NOTICIA / AUTORIA:
César Huerta Corresponsal | El Universal 
http://www.eluniversal.com.mx/espectaculos/113631.html