03 noviembre, 2012

El origen del rock como ayuda humanitaria: The Concert for Bangladesh



Hoy en día es muy común que conciertos de rock se hagan para ayudar a alguna causa humanitaria: los grandes “Live Aid” (1985), “Live 8” (2005), “USA for Africa” y cientos de conciertos más que se hicieron para ayudar a causas específicas. Y también es común que ciertos “rockers” se involucren en causas benéficas, tal el caso emblemático de Bono.

Pero no fueron Bono, ni Bob Geldof, los primeros en involucrarse en estos temas. ¿Donde nació esto?, ¿cual fue el primer concierto de rock que tuvo ese propósito?, ¿quién dio el puntapié inicial?

Sí, como todo en sus comienzos, Los Beatles siempre tienen algo que ver. Fue uno de ellos, George Harrison, quién organizó el primer concierto de rock con fines benéficos, de ayuda humanitaria: fue un hecho histórico, ocurrido hace un poco más de 41 años, y se denominó “Concierto por Bangladesh”.

Para esta época, Harrison brillaba como solista, el mundo estaba descubriendo al beatle “tapado”, con su gran disco triple “All Thing Must Pass”. Y no solo tenía éxito por encima de la dupla Lennon-McCartney, sino que gozaba de un momento de paz espiritual, como todos sabemos, basado en la religión hindú.

“My Sweet Lord” era número en todos lados, y Harrison se había encontrado a sí mismo. No tuvo mejor momento que este.

Pero uno de sus primeros maestros de esta religión no la estaba pasando bien; es más, la estaba pasando muy mal. Ravi Shankar, el hombre que introdujo a George en los secretos del sitar y de la filosofía hindú, sufría por lo que pasaba en Bangladesh, una región conocida como Pakistán del Este, que se había emancipado en una guerra que dejó cientos de miles de muertos y una incipiente nación en total miseria. Se habló de 3 millones de personas muertas, y de 10 millones que quedaron en la indigencia total, refugiándose en Bengala. Y este acontecimiento conmovió a occidente, pero parece que mas a los músicos que a los políticos.

Ravi Shankar le pidió a su amigo George Harrison si podía ayudar, mostrándole artículos de diarios que ilustraban la tragedia, y toco las fibras de Harrison, quien decidió no ser un mero observador. Y se puso a organizar, lo que hoy conocemos como “Concierto por Bangladesh”, en dos noches históricas en el Madison Square Garden de Nueva York, los días 1 y 2 de agosto de 1971. E hizo lo que nadie había hecho hasta entonces: lograr que el rock salve vidas, ayude, y tenga un sentido benéfico.

Lo primero que se le ocurrió fue juntar a Los Beatles. La causa era buena, y pensó que podían dejarse de lado, en pos de ella, cuestiones personales.

No pudo con todos. McCartney se negó de plano, hacía recién poco más de un año que él, anticipándose a todos, le había dicho al mundo que los Beatles se separaban, y era muy pronto para volver a reunirse, en el medio de las disputas que todos conocemos.

¡Pero Lennon dijo que sí! con una condición: que Yoko tocara con él. Harrison no lo aceptó. El quería convocar a leyendas y grandes del rock, y pensó que Ono no estaba a la altura. Tampoco pudo ser. Ninguno de los dos cedió.

Pero sí tuvo el OK y la participación inmediata de Ringo, que fue parte del Concierto. Primero Harrison hizo el single “Bangladesh”, y luego, para mitigar la ausencia de la dupla Lennon-McCartney, llamó a dos de sus mejores amigos: Eric Clapton y Bob Dylan.

No fue fácil la confección de la lista de artistas. Clapton estaba atravesando su peor período de adicción a las drogas y se había convertido en un recluso. Pero finalmente aceptó acompañar a Harrison. Bob Dylan dijo que podían conversar sobre el tema pero que eso no quería decir un sí. Como si esto fuera poco también estuvieron: el ascendente Leon Russell y el tecladista Billy Preston a los que se sumaban otros del ambiente como el productor Phil Spector, el bajista Klaus Voormann (amigo de Lennon y autor de los dibujos de la tapa de Revolver), el baterista Jim Keltner y el guitarrista Carl Radle (tocando el bajo).

La importancia de este concierto radicó en que con él Harrison inventó el rock benéfico, esas reuniones de estrellas bien intencionadas que se dedican a juntar plata para los menos favorecidos. Dio el puntapié inicial, para que años después, Bob Geldof hiciera los famosos “Live Aid” y “Live 8”.

Pero el concierto, además del hecho benéfico, tuvo condimentos espectaculares: fue la primera presentación en vivo de George Harrison, luego de la separación de Los Beatles, esto quiere decir, la primera vez que Harrison tocaba en un recital en vivo (salvando lo de la terraza de Abbey Road), desde el año 1966; fue la primera presentación de Bob Dylan en su país (lo había hecho en Europa, en la Isla de Wight) luego del accidente de motocicleta que lo tuvo postrado varios años, sin saberse nada de él; y marco el regreso de Eric Clapton, luego de su retiro a causa del alcohol y la heroína.

La grabación del recital, mereció que ese mismo año saliera el vinilo tripe del mismo, fue la primera grabación oficial de Bob Dylan tocando en vivo. Nunca antes lo había hecho. Y Clapton desveló desde el escenario el misterio que a viva voz ya se conocía en el ambiente de la música: el sólo de guitarra de “While My Guitar Gently Weeps”, del Album Blanco de The Beatles, lo había hecho él. ¡Y como lo hizo esa noche! Misterio resuelto.

El concierto en sí, comenzó con una bella pero larga introducción de música hindú a cargo de Ravi Shankar, que si bien no fue la primera vez que la música india pisaba un escenario rockero, pero si fue la más importante, ya que la difusión del evento convirtió a la música hindú en una gran carta de presentación de una de las músicas más antiguas, complejas y bellas del mundo.

Pero el que se llevó todo por delante en el concierto fue el mismísimo Harrison que pasaba por la etapa más creativa de su carrera luego de su LP triple “All thing must past”, estaba muy nervioso; no sólo era su reputación la que estaba en juego, sino que, como dijimos, era la primera vez que se presentaba en público después de la separación de Los Beatles.

Pero cuando arrancó con "Wah-wah", un tema de su álbum debut como solista, con Clapton secundándole, el Madison se vino abajo. Estaba el ahí, con Clapton y con Ringo atrás. "My Sweet Lord", hit del momento, subió aún más los ánimos. Cantó también Billy Preston, un gran tecladista, que le dio un tono muy espiritual al tema "That's the way God planned it", hasta culminar con una de las partes más emotivas del show al levantarse y recorrer danzando todo el escenario, mientras el coro siguió con la canción, iluminado por una luz móvil.

La presencia de Ringo Starr fue ovacionada enormemente, y cantó un éxito propio, “It don´t come easy". Tocó la batería, canto, y se convirtió en una de las joyas del concierto.

El gran tema de la noche fue “While My Guitar Gently Weeps”, con Clapton ahora visible, con un solo de guitarra impresionante, que marcó a esta versión del famoso tema de Los Beatles en una de las mejores versiones que jamás se hicieron.

Sin embargo, había dudas a como seguiría el show. En los ensayos anteriores, Bob Dylan había decidido bajarse, porque "no era su ambiente". Había ensayado los temas, pero de repente quiso bajarse. George lo dio por perdido. Y casi se muere cuando miró al costado y divisó la inconfundible figura de Dylan, con anteojos oscuros, dispuesto a presentarse. Fue increíble el recibimiento, ya que hacía muchísimos años que Bob no se presentaba en público en su país. El impacto emocional de la gente cuando vio a Bob Dylan en escena fue impresionante. Esto esta muy bien documentado en el audio del álbum, y en el DVD del concierto. Se especuló también con que al ser un recital benéfico, se iba a recuperar al Dylan de canciones políticas y de protesta de los primeros años.

Fue apoteótico cuando Dylan subió al escenario, acompañado del propio Harrison a la guitarra, Russell al bajo y Ringo a los tambores y comienza a soltar cosas como “Blowin In The Wind”, “Mr. Tambourine Man” o “Just Like A Woman”.

¿Que pasó con los Rolling Stones? Obvio que también fueron invitados, pero tenían problemas legales e impositivos para salir de su “exilio” en la costa azul francesa, donde estaban trabajando en los primeros temas de su gran álbum “Exile on main Street”, refugiados en la Villa de Nellcote, y no pudieron ir. En su honor, Leon Rusell hizo unos rockitos mezclados, que se iniciaron con una rara versión de "Jumpin Jack Flash". Harrison hizo una versión mágica de su “Here comes the Sun”, cerrando luego el concierto con "Something" y por ultimo una canción para la velada, "Bangladesh". Estos dos temas fueron interpretados por todos, juntos, dando lugar a como se cerrarían, por delante, todos los conciertos benéficos: vengan todos y hacemos el tema final.

Lo que se destaca del evento es la voluntad de Harrison, luchando contra todo, para poder hacerlo; y el carácter benéfico del mismo, el primer concierto de rock que tuvo esos propósitos. En lo específicamente humanitario, recaudo casi más de un cuarto de millón de dólares (que para la época era algo impresionante), y gracias Unicef fueron a convertirse rápidamente en medicamentos, comida y, sobre todo, agua no contaminada para Bangladesh.

El álbum triple salió meses después, y en enero del año 1972 se estrenó la película del concierto, lo que engroso las arcas de la recaudación, que también seguirían y siguen llegando a Unicef, para la causa Bangladesh.

El propósito del concierto quedaba claro aún mas en la tapa del disco: un niño hambriento, con un plato de comida sucio y vacío delante suyo, todo un símbolo directo de la situación. Se hizo una gran campaña para la venta del disco: desde el Melody Maker se pregonaba “por favor, si solo compran un álbum en 1972, que sea este”.

En 2005 se hizo un DVD recomendable, con nuevo material nunca antes visto.

¿Qué logró Harrison con este concierto, además del aporte en sí? Logró que las estrellas de rock no estuvieran ajenas a los problemas del mundo, y se involucren, directa o indirectamente en situaciones de ayuda humanitaria. Bono, Bob Geldof, y tantos otros más, son el ejemplo vivo.

Con el paso del tiempo, los derechos del álbum, del DVD, y de la imagen del concierto, recaudaron varios millones de dólares más, que se siguieron usando para ayuda humanitaria. En un mundo que necesita solidaridad, solo queríamos rescatar este concierto, que está considerado como el puntapié inicial del rock como ayuda humanitaria.