10 junio, 2012

The White Album parte 2: Las sesiones de grabación


Sacar un disco doble es difícil. No es como sacar un disco normal, no puedes coger todo lo grabado y meterlo ahí. O si, a menos que seas los Beatles o Led Zeppelin. Pero Beatles y Led Zeppelin solo hay unos y no los volvió a haber. Un álbum doble es una apuesta muy arriesgada. Te puede salir bien y ganarte al público y a la crítica o te puede salir un "Stadium Arcadium". O es una colección de obras maestras grabadas en el estudio o es un disco conceptual complejo de los que te pasan rápido. Pero coger, grabar más de 20 canciones y meterlas en un disco y que encima te salga bien es difícil. Pero no imposible.

Porque los Beatles lo hicieron, básicamente. El disco homónimo de los Beatles es el disco mas egoísta e individualista que se ha hecho nunca. Cada uno por su lado casi sin hablarse, lucha de egos... ¡Pero las canciones seguían siendo buenas! Ahí está la magia del cuarteto. Eran malos tiempos en una Europa plagada de revoluciones y luchas sociales y también había revolución en los Beatles. La época de la psicodelia había acabado ya para el grupo. Demasiado experimento. Había que hacer algo nuevo, algo más novedoso.

El retorno de los Beatles al estudio fue pacífico. De hecho se grabaron nuevos temas para la banda sonora de la que sería la nueva película de los Beatles, animada esta vez, "Yellow Submarine". Y el que sería el nuevo single de la banda "Hey Jude". Ahí ya empezó la tensión. John Lennon quería "Revolution", su tema, como cara A del sencillo, pero la idea fue rechazada y "Revolution" acabó, injustamente, en la cara B cuando podría haber compartido cara A con "Hey Jude". El anterior single, "Lady Madonna", había sido un gran éxito para el grupo.



Aunque todos los problemas que vendrían después no fueron musicales. Bueno, algo si, como la infame dictadura de Mccartney, pero no era el problema principal. Lo principal eran los problemas familiares. Como cuando un mal día antes de las sesiones de los singles, Cynthia Lennon, la esposa de John y madre de Julian, entraba en casa y se encontraba a John siéndole infiel. Y evidentemente, John se fue de casa y empezaron los trámites de divorcio.  Entraba en escena... Yoko Ono.

Que no, que yo no soy de los que creen que fue la que jodió todo los Beatles. Pero si opino que sobraba en la música. Que si, que John la amaba y que quería que fuera parte del grupo. Pero no tenía talento, vamos a ver. ¿Alguien se ha escuchado los "Unfinished Music"? No lo hagáis, por Dios. Yo no los aguante enteros. Pero también tengo que decir que la mujer no lo hacía con mala intención. Al fin de al cabo ella quería a John. Y sin ella no habría grandes canciones como "The Ballad of John and Yoko".

Pero lo cierto es que en las sesiones de "The Beatles", Yoko pintaba muy poco. Y por desgracia, tuvo demasiada influencia. Cuando digo demasiada es que se lo que digo. ¿Alguna vez habéis escuchado a Yoko a Ono cantar? No es que cante mal, que lo hace, es que la tía berrea sin sentido. Y la música que hizo con John en los 60 carecía de sentido. Y "Double Fantasy" hubiera igualado al mejor disco de John Lennon, el "John Lennon/Plastic Ono Band", si se hubiera llamado simplemente "Fantasy". Ahí lo dejo.



Venga va, me he pasado. Yoko Ono me caía bien, pero simplemente no la trago como músico. Y acabó siendo un factor determinante para las interminables sesiones de grabación del disco, que empezaron con un Paul intentando llevar las riendas de un grupo que se descomponía por momentos. Y en vez de ponerse en modo "jefe responsable", se puso en modo "Stalin". Y así pasó lo que pasó. Tras unas pocas grabaciones, Ringo se iba del grupo y los Beatles se quedaban sin batería. Pero Paul no dejó que se parara la maquinaria y siguió como batería, grabando canciones como "Back in the U.S.S.R." con el a la batería. Así que Ringo acabó volviendo, no sin antes componer "Octopus Garden", que saldría en "Abbey Road" y sin ser bien recibido por George Harrison, eterno amigo de nuestro adorable batería.

Mientras George intentaba encontrar sitio para sus canciones en lo que sería el mastodóntico décimo álbum del grupo, Paul se iba a lo suyo y grababa canciones como "I Will" solo, o contaba solo con la ayuda de Ringo. John se pasaba el tiempo con Yoko, pasando bastante de sus canciones y Ringo... Estaba donde se le necesitaba. Pero la situación de George llegó a tal punto de tener que llamar a Eric Clapton para que tocara el solo de "While My Guitar Gently Weeps" y así poder conseguir que el grupo le prestara atención.

La cumbre de la individualidad de las sesiones llegó el fatídico día que John Lennon se presentó en el estudio con un proyecto grabado con su mujer llamado "Revolution 9". Que no era ni una canción, era un conjunto de ruido, cintas de estudio y sonidos. A ver, seamos sinceros. Es una basura. Paul y George Martin lucharon encarnecidamente contra la publicación de la canción mientras Ringo pasaba de meterse en problemas y Harrison seguía en su estado de "segundón". Y todo este desastre de sesiones de grabación llevó a un inevitable camino: Los Beatles empezaban su separación.



El segundo disco del álbum empieza con la semi-improvisada "Birthday", surgida espontáneamente en el estudio de grabación y con el apoyo de las mujeres de los miembros del grupo a los coros. "Yer Blues" es un ejercicio de mala leche bluesera de la mano de John y Ringo y "Mother Nature's Son" es su antónimo, grabada unicamente por McCartney. La rareza de las canciones tiene como ejemplo a "Everybody Has Something To Hide Except Me And My Monkey", que por cierto, es muy buena. El rencor de John Lennon al gurú de la India se vio reflejado en "Sexy Sadie", donde John vertía su mala leche.

The Beatles sabían hacer de todo, y la prueba evidente de ello es "Helter Skelter", un clásico de Paul y uno de los primeros hard rock de la historia. "Long, Long, Long" es una bonita canción de Harrison, aunque puede ser pesada a las primeras escuchas y "Revolution 1" es la versión acústica y suave de la cara b de "Hey Jude", "Revolution". Paul vierte su sentimentalismo en la añeja "Honey Pie", que parece estar sacada de esa música que tanto le gustaba a McCartney de los años 40.

"Savoy Truffle" es una divertida canción de George con una curiosa letra sacada de los chocolates que tanto le gustaban a su colega Eric Clapton y que cuenta con una sección de vientos memorable. La última canción de John como tal del álbum es la suave "Cry Baby Cry", que cuenta con la coda "Can You Take Me Back" de McCartney al final del tema. De el desfase que es "Revolution 9" ya os he hablado y sinceramente, no vale la pena. Pero claro, después de eso está la bonita orquesta de "Good Night" y la voz de Ringo susurrando buenas noches a los oyentes. Porque no hay mejor forma de acabar un álbum doble, ¿No?







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