19 enero, 2010
COMENTARIO DE JAMES STUART
Hoy os pongo este artículo que ha colgado alguién en internet y que me parece muy bueno compartirlo aquí, espero que os guste.
En defensa de Paul McCartney
La publicación el pasado mes de septiembre de toda la obra remasterizada de The Beatles ha servido para comprobar, una vez más, que las buenas canciones jamás pasan de moda. Además de dotar de una lujosa presentación a cada álbum (con anotaciones, datos históricos, fecha de cada grabación y abundante material fotográfico), el “lavado de cara” de las viejas grabaciones ha servido para descubrir sonidos que antes estaban prácticamente enterrados en la mezcla. Ahora cada cosa suena -¡ya era hora!- en su sitio: las voces y armonías golpean el oído de manera clara y cristalina, las guitarras, con fuerza y brillantez; la batería tiene más “cuerpo” y presencia; y los bajos… los bajos merecen un comentario aparte. “The Beatles remastered” por fin nos muestran el innovador trabajo con los bajos que durante años llevó a cabo Paul McCartney, y que hasta ahora tan sólo podíamos intuir en los viejos vinilos (en los cd´s de 1987 sonaba horroroso).
Como acertadamente repetían una y otra vez en las entrevistas Sir George Martin y Geoff Emerick (productor e ingeniero, respectivamente, de las grabaciones beatle), las lamentables ediciones en cd de los 80 no hacían justicia al que probablemente es el mejor bajista de la historia del pop. Virtuoso de las melodías bien construidas y los saltos de contrapunto entre octavas, McCartney comenzó un innovador trabajo con este instrumento en Rubber Soul que alcanzó su cenit en el mítico Sgt. Pepper´s. Hasta entonces, el bajo funcionaba en el pop como un mero acompañamiento para las guitarras y un apoyo para la batería; a partir de ese disco McCartney demostraría que también podría ser empleado como instrumento solista.
Para el gran público, Lennon fue el corazón de The Beatles. Y es innegable que su arrollador carisma, su inmenso talento compositivo y sus cruzadas pacifistas le han convertido en uno de los iconos del siglo XX: es de justicia reconocerlo. Pero no por ello debemos despreciar la obra de McCartney, un músico de igual o superior talento al de su socio; algo que muchos –todavía hoy en día- se niegan a aceptar (entre las canciones que McCartney compuso para el cuarteto de Liverpool figuran, entre otras, “Yesterday”, “Hey Jude”, “Lady Madonna”, “Helter Skelter”, “Get Back”, “Paperback Writter”, “For no one”, “Eleanor Rigby”, “Back in the USSR”, “Drive my car” o “Let it be”. ¡Y aún podríamos destacar otras cuantas docenas más! : Todas ellas son composiciones a solo de McCartney, con una nula o mínima participación de John Lennon.
De todos los beatles, McCartney siempre fue el más preocupado por los aspectos técnicos de las grabaciones (fue el primero de los cuatro en producir alguna sesión para el cuarteto, junto a George Martin) y el más cercano a las nuevas tendencias musicales (fue McCartney y no Lennon el que acercó el sonido avant garde y la música de John Cage al cuarteto). También fue él quien grabó los primeros loops (cintas magnetofónicas colocadas al revés) de la historia del pop-rock en un disco, en la ya célebre “Tomorrow never knows”. Por si esto fuera poco, McCartney es un auténtico virtuoso no sólo del bajo: es habitual que en sus discos se encargue él mismo de la producción, las baterías y las percusiones, las guitarras, los pianos y los teclados y, por supuesto, de todas las voces y los coros: nos hayamos pues ante el que es -con permiso de Frank Zappa, Lenny Kravitz, Yann Tiersen y Stevie Wonder- el mejor multiinstrumentista de la historia.
Por todo ello, es curioso comprobar cómo la historia le ha ninguneado. Menospreciado por el gran público tras el asesinato de Lennon, parece que en los últimos años McCartney se ha ganado, finalmente, el reconocimiento popular (sus conciertos en Glastonbury en el 2005 o los recientes en New York, convenientemente filmados en el dvd “Good evening New York City”, presentan a McCartney dándose un baño de masas). Además de publicar en la pasada década dos obras mayores (“Chaos and creation in the backyard” y “The Fireman” (junto a Youth), una muy recomendable (“Memory almost full”) y una más que aceptable (“Driving rain”), en estos últimos diez años ha sido nominado una vez al oscar a la mejor canción ( y es más que probable que este año lo gane al fin con su tema “(I want to) Come home”, compuesto para la última película de Robert De Niro: de momento ya es candidato a los globo de oro). Tras la disolución de The Beatles, McCartney comenzó una irregular carrera solista (al igual que Lennon) que jamás alcanzó los niveles de calidad del cuarteto de Liverpool. Sus devaneos con el pop más superficial tampoco le hicieron un gran favor; lo mismo que su incontinencia creativa y su escaso “control de calidad” sobre las canciones a publicar (obras como “McCartney II” jamás deberían haber visto la luz).
Pero es de justicia reconocer que también ha publicado algunas obras mayores (“Band on the run”, “Flaming Pie”, “Chaos and creation…”) y discos valientes y muy recomendables (“Ram”, “McCartney”, “Flowers in the dirt”, “Tug of war”). Su primer álbum solista (publicado en 1970 y titulado tal cual, McCartney) es un buen reflejo de lo que luego ha sido su carrera: algunas canciones enormes (“Maybe I´m amazed”, “Junk”, “Every Night”) intercaladas entre canciones insustanciales y muy prescindibles. Algo que continuaría con “Wings”, el grupo creado junto a su esposa Linda y el guitarrista Danny Laine (antes en los “Moody Blues”) en Agosto de 1971.
El grupo atravesó por diferentes formaciones, siendo el trío antes ya citado la columna vertebral de todas ellas, y produciendo obras de calidad muy dispar: “Band on the run” (publicado en el año 1973) fue elegido álbum del año y catapultó al grupo a la cima de las listas de éxitos de Europa y, sobre todo, Estados Unidos. Temas como el que da nombre al disco o “Jet”, “Picasso last words”, “Bluebird” y “Let me roll it” se encuentran entre lo mejor de la obra solista de Paul. McCartney publicó de 1971 a 1979 siete discos de estudio con Wings, además de un recopilatorio y un álbum en directo.
Una frenética producción musical cargada de varios temas mediocres, sí, pero también de hermosísimas canciones como “My love”, “Live and Let Die”, “I´m carrying”, “Goodnight tonight” o el multimillonario tema en ventas de 1977 “Mull of Kintyre”. En 1980 McCartney disolvió la banda y publicó “McCartney II”, grabado de nuevo íntegramente por él en su granja escocesa: diez años, diez álbumes, fin del círculo: momento de empezar una nueva etapa musical, pero esta vez como solista (aunque siempre contando con el fiel apoyo vocal de Linda). En 1982 publica “Tug of war”, contando en la producción con George Martin y rindiendo un sentido homenaje a Lennon en la emotiva “Here Today”. También en ese año colaboraría junto a Michael Jackson en las canciones “Say, say, say” y “The girl is mine”.
El resto de la década estaría plagada de obras menores (por no decir lamentables) en su producción. En los años 90 Paul mejoró notablemente su trabajo; algo quizá influenciado por su colaboraciones junto a Carl Davis en el campo de la música clásica (“Liverpool Oratorio”) y Elvis Costello (el álbum “Flowers in the dirt” está compuesto codo a codo con Costello, con temazos como “My brave face” o “This One”). La grave enfermedad de Linda serviría para empujar a Paul a dedicarle el hermosísimo “Flaming Pie” (quizás su mejor trabajo solista, junto a “Band on the run”), el cual contiene trallazos pop del calibre de “Young boy” o “The World tonight”, y hermosísimas baladas como “Calico skies”, “Somedays” o “Beautiful night”: un álbum sublime. Con todo esto no estoy afirmando que Paul McCartney sea mejor que John Lennon; no es esa mi intención.
Comparar el trabajo de uno con el otro sería caer en un tremendo error: ambos son dos de los genios más trascendentes de la historia de la música del último siglo, sin lugar a dudas. Con este artículo tan sólo pretendo reconocer la enorme labor de un músico que jamás ha gozado del carisma y el reconocimiento de su socio, y que sin embargo tantas y tan bellas melodías nos ha regalado. Por todo ello, gracias por seguir al pie de cañón, Sir Paul McCartney: el tiempo pone a cada uno en su sitio, y tú te has ganado, pese a quien le pese, un lugar en el olimpo del pop-rock.
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